Qué incluye la función renal en una analítica
En una analítica española, la función renal suele ser la creatinina, la urea (las dos en mg/dL) y el filtrado glomerular estimado (FGe), calculado a partir de la creatinina. Muchos volantes añaden los iones del ionograma: sodio, potasio y cloro. Lab Tests Online-ES recuerda que el perfil renal cambia de un laboratorio a otro: mira las líneas de tu propia hoja de resultados.
Esas líneas se leen en grupo. La creatinina y el filtrado describen cuánto filtran los riñones, la urea se lee frente a la creatinina y los iones hablan del equilibrio que mantienen. Como ejemplo, en un hospital público de Málaga la creatinina de referencia va de 0,7 a 1,3 mg/dL en los hombres y de 0,55 a 1,02 mg/dL en las mujeres, y la urea, de 20 a 50 mg/dL.
La creatinina mide tus músculos tanto como tus riñones
La creatinina es un desecho de los músculos, y son los riñones quienes la eliminan. Su cifra depende de dos cosas: de lo bien que la eliminan los riñones y de cuánto músculo la produce.
Esa segunda mitad explica resultados que parecen contradictorios: un chico joven y musculado y una mujer mayor y menuda con la misma función renal no tendrán la misma creatinina. El consenso español sobre enfermedad renal crónica, firmado por diez sociedades científicas, entre ellas la Sociedad Española de Nefrología, cita la carne o el pescado recientes (con un pico de 2 a 4 horas después), los suplementos de creatina, algunos fármacos, la masa muscular extrema y la dieta vegetariana estricta.
Según la guía internacional KDIGO, un plato de carne o pescado cocinado puede subir la creatinina unos 0,23 mg/dL, lo bastante para bajar el filtrado unos 20 puntos; esperar al menos 12 horas después de esa comida evita el efecto.
Al revés también engaña: según el mismo consenso, la creatinina no sale de su intervalo hasta que se pierde la mitad o más de la función renal. Por eso tiene valores normales distintos según el sexo, y una cifra en el límite alto en alguien con poco músculo merece más atención.
El filtrado glomerular es un cálculo, no una medida
El filtrado de tu analítica no se ha medido: se calcula con tu creatinina, tu edad y tu sexo mediante una ecuación, casi siempre la CKD-EPI que recomiendan las sociedades españolas, y arrastra su incertidumbre. Se expresa en mL/min/1,73 m², es decir, ajustado a una superficie corporal media y no a la tuya.
La recomendación de 2014 de la sociedad española de laboratorio clínico (entonces SEQC, hoy integrada en la SEMEDLAB) pide indicar la ecuación usada, dar el resultado sin decimales, escribir «> 90» por encima de 90, sustituir el intervalo de referencia por «> 60» y destacar con un símbolo los resultados por debajo de 60. Si ves «> 90 mL/min/1,73 m²», no falta ningún número.
En la práctica, el filtrado sirve muy bien para seguir una tendencia y mal para leer una cifra suelta. Si tu masa muscular es poco habitual, la cistatina C ayuda a confirmar la estimación. Y dos valores de laboratorios distintos, o de ecuaciones distintas, no se comparan directamente: un salto al cambiar de laboratorio es del método, no de tus riñones.
¿Cuál es el filtrado glomerular normal según la edad?
El filtrado baja con la edad, también sin enfermedad renal. El consenso español considera normal perder de 0,7 a 1 mL/min/1,73 m² al año desde los 40, y la National Kidney Foundation estadounidense da una media de unos 116 entre los 20 y los 29 años y de unos 75 a partir de los 70. Un 85 a los setenta no es lo mismo que un 85 a los veinticinco.
Por eso se discute si el umbral de 60 debería cambiar con la edad: hay autores que proponen 45 por encima de los 65 años, recoge el consenso. Y el filtrado no es un porcentaje, sino mililitros por minuto; como un adulto joven ronda los 100 o 120, un 60 equivale, muy a grandes rasgos, a la mitad.
Un solo valor nunca es una enfermedad renal crónica
Un filtrado bajo en una sola analítica es un hallazgo, no un diagnóstico. La enfermedad renal crónica exige alteraciones de más de tres meses: un filtrado por debajo de 60 o una albúmina en orina (cociente albúmina/creatinina) por encima de 30 mg/g. Según el consenso español, el diagnóstico siempre debe confirmarse, y un primer filtrado bajo se repite pasados al menos tres meses, salvo que la situación aconseje hacerlo antes.
Por eso la orina importa tanto como la sangre. Con hipertensión, diabetes, enfermedad cardiovascular, obesidad o más de 60 años, el consenso pide revisar el filtrado y la albúmina en orina al menos una vez al año: la orina muestra un daño que la sangre no enseña.
Y la enfermedad renal crónica inicial es frecuente y silenciosa. En el estudio ENRICA, representativo de los adultos españoles, afectaba al 15,1 %, uno de cada siete: al 4,8 % entre los 18 y los 44 años y al 37,3 % a partir de los 65. Si tienes diabetes o hipertensión, pregunta si tus controles incluyen un análisis de orina.
- ¿Es el primer valor bajo?Un valor visto una vez se repite; es el mismo valor en varias analíticas separadas por meses el que marca una tendencia.
- ¿Me han analizado la orina?El cociente albúmina/creatinina en orina puede mostrar un daño renal cuando el filtrado todavía parece normal.
La urea y el resto del perfil renal
La urea sube cuando te falta agua, con una dieta muy rica en proteínas y con una hemorragia digestiva, no solo cuando los riñones filtran menos. Se lee junto a la creatinina, y su cociente, que imprimen algunos laboratorios, aporta información que ninguna da por separado. Si en una web de Estados Unidos ves «BUN», es el nitrógeno de la urea: da una cifra más baja, así que no la compares tal cual con tu urea.
Los iones del mismo perfil (sodio, potasio, cloro y, a veces, bicarbonato) describen el equilibrio que mantienen los riñones. Se mueven por muchos motivos, entre ellos varios medicamentos muy frecuentes, como los antiinflamatorios o los diuréticos, y se leen en grupo.